
Portada de Reign in Blood (1986), utilizada con fines editoriales. Derechos de imagen pertenecen a sus respectivos propietarios.
Imagen destacada: Slayer en 1983. Fotografía de prensa publicada en EE.UU. sin aviso de copyright. Imagen en dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.
SLAYER – “REIGN IN BLOOD”
Slayer “REIGN IN BLOOD”
Sin lugar a duda, 1986 fue un año que nos entregó tremendas obras de arte dentro de lo que conocemos como Thrash Metal y, si bien todos tenemos distintas preferencias, creo que coincidimos en que dentro del top cinco se encuentran: “Master of Puppets” de Metallica, “Peace Sells… but Who’s Buying?” de Megadeth, “Darkness Descends” de Dark Angel, “Eternal Devastation” de los teutones Destruction y, para muchos, la obra máxima del género: el glorioso “Reign in Blood” de Slayer.
Grabado entre julio y agosto del mismo año de su aparición, esta producción sentó las bases en cuanto a violencia y velocidad se refiere, porque si bien el Metal en aquella época ya había ganado en agresividad, nadie lo había llevado al nivel que consiguieron Araya, Hanneman, Lombardo y King, con una interpretación en la que se sentía el odio en cada riff, en cada blast y en cada vociferación.
En tan solo treinta minutos, los provenientes de Huntington Park, California, nos regalaron himnos que hasta el día de hoy generan la misma sensación destructiva, abordando en sus letras temas como el nazismo en “Angel of Death”; la atracción por la muerte y sus aspectos más mórbidos en “Necrophobic” y también en “Postmortem”; y, como ya era habitual, su postura satánica y anticristiana en cortes como “Altar of Sacrifice”, “Jesus Saves” y “Reborn”. Todo esto culmina en la canción más icónica de la agrupación, aquella que narra el apocalipsis donde el cielo se abre y cae sangre, un infierno en la Tierra dominado por el caos, la misma que los posicionó como uno de los grandes del estilo: la bestial “Raining Blood”.
Esta placa marcó un antes y un después, porque hasta el día de hoy no existe un trabajo tan contundente, destructivo y vehemente de principio a fin.
¡Salve, Slayer!
Escrito por: Gustavo Maldonado Gómez
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