Análisis exhaustivo del show en La Casona de Hilda Parra. Debut de Ignis Agnus, el folk de Ngutram y la oscuridad de Thvnvtos y Luctus Hidra.
Fecha: Sábado 04 de abril de 2026 Lugar: La Casona de Hilda Parra, Santiago, Chile
La precariedad técnica frente a la voluntad del metal
La jornada en La Casona de Hilda Parra fue una prueba de fuego para la capacidad de adaptación de las bandas. El recinto, desprovisto de una infraestructura mínima para eventos de esta densidad, condicionó cada una de las presentaciones. La gestión del espacio y la carencia de un sistema de iluminación funcional obligaron a los músicos y al público a concentrarse exclusivamente en la ejecución sonora, ignorando las limitaciones de un entorno que, por momentos, atentó contra la calidad del espectáculo.

Ragnarok: El peso de la falla técnica
La apertura estuvo a cargo de Ragnarok, tributo a Amon Amarth, quienes iniciaron su presentación a las 18:10. El conjunto enfrentó un escenario hostil desde los primeros acordes. El sonido, carente de definición, se vio fracturado por el colapso de un cabezal de guitarra que interrumpió el flujo de la presentación. A esto se sumó una iluminación deficiente, compuesta por ampolletas domésticas y estroboscopios LED que entorpecieron cualquier intento de registro visual coherente. Sobre el escenario, la banda mostró una actitud estática, limitándose a cumplir con el repertorio con un movimiento escénico reducido. Hicieron lo posible dentro de un marco técnico que les dio la espalda desde el inicio.
Ignis Agnus: Precisión instrumental en el debut
El contraste llegó con el debut de Ignis Agnus. Este proyecto homónimo de su guitarrista presentó una propuesta de metal progresivo instrumental que destacó por su solidez. A pesar de las limitaciones del recinto, la banda logró proyectar un sonido pesado y contundente. La inclusión del saxofón no fue un adorno, sino un componente estructural que dialogó con el bajo y la guitarra en pasajes de alta complejidad técnica. Los cambios de ritmo y las pausas estratégicas revelaron una composición madura y bien ensayada. Ignis Agnus posee una presencia escénica superior, logrando plasmar su visión musical con una ejecución que capturó la atención de los asistentes por su capacidad de síntesis entre agresividad y técnica.



Ngutram: Relatos ancestrales y versatilidad vocal
Cerca de las 20:06, y tras superar inconvenientes técnicos para el inicio, Ngutram tomó el escenario con su folk metal de raíz ancestral. Los seis integrantes desplegaron un arsenal que incluyó flautas, esenciales para construir la atmósfera épica que define su propuesta. Una de sus piezas instrumentales funcionó como un viaje rítmico, iniciando en pasajes suaves que ganaron velocidad hasta desembocar en himnos de batalla. El trabajo vocal fue el punto más alto: la alternancia entre gritos guturales desgarradores y voces limpias en los coros se ejecutó con una destreza notable. La batería mantuvo un desempeño firme, sosteniendo guitarras que evocaban pasajes históricos con gran efectividad.
Thvnvtos: La muralla de ira y desesperación
Con miras a un nuevo álbum para el segundo semestre de 2026, Thvnvtos entregó una sesión de Black Metal de alta intensidad. La banda construyó una pared sonora densa, donde la brutalidad no impidió la existencia de pausas necesarias para matizar el trayecto auditivo. La voz se mantuvo en un registro desgarrador constante. No obstante, el balance sonoro fue irregular; el bajo absorbió el sonido de las dos guitarras, perdiendo definición en la mezcla general. Aun así, los cortes de gran velocidad y los cambios rítmicos precisos lograron transmitir sentimientos de desesperación e ira, cumpliendo con el objetivo emocional del género.



Luctus Hidra: Melancolía desde el abismo
Luctus Hidra aprovechó la instancia para exponer material nuevo, moviéndose en los terrenos de un Black Metal lento y denso. Su presentación se sintió como una serie de gritos dirigidos al más allá, con un ritmo que priorizó la pesadez y la melancolía por sobre la velocidad pura. El despliegue de todos sus integrantes fue cohesivo, logrando una atmósfera opresiva que resonó en el alma de los presentes. La banda sabe manejar los tiempos del sufrimiento sónico, entregando un show que fue tan brutal como introspectivo.
Ritual Heim: El desplante de la maldad
El cierre vino de la mano de Ritual Heim, quienes presentaron un adelanto de su primer disco «Ecos de la Muerte». La presencia de su vocalista, Aline Snow, fue el eje central de la presentación. Su desplante escénico y la calidad de sus guturales proyectaron la maldad intrínseca del Black/Death Metal. La banda demostró una capacidad técnica robusta para sostener la agresividad de sus composiciones, consolidando un cierre que, pese a las carencias del lugar, mantuvo el estándar de intensidad que la jornada exigía.
El triunfo de la voluntad sobre la infraestructura
El evento dejó en claro que la escena local posee una calidad técnica que sobrepasa con creces a los espacios que actualmente la albergan. Ignis Agnus y Ngutram se alzaron como las revelaciones de una noche donde el talento tuvo que pelear contra ampolletas domésticas y equipos que fallaron bajo la presión. El metal nacional se mantiene firme, no gracias al circuito de recintos, sino a pesar de él. El juicio es seco: bandas de alto calibre encerradas en condiciones de producción deplorables.
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