Reseña de metal primigenio en Bar de René
El viernes 24 de octubre de 2025, en Bar de René.
Noche de viernes en la capital, y un nuevo evento nos hacía movilizarnos, esta vez al Bar de René, lugar en el cual se desarrollaría el show cuyo cartel anunciaba a Cabrío y Dorso, dos bandas que, si bien nacieron en generaciones distintas, tienen como factor común la presencia de íconos del metal chileno como Andrés Marchant y Rodrigo “Pera” Cuadra.
A eso de las 21:30 horas aproximadamente, Cabrío abre los fuegos de esta jornada. La agrupación, formada en 2016, se encuentra en pleno proceso de promoción de su más reciente álbum, titulado Blueprint of God, trabajo que aborda tópicos que van desde temas bioquímicos —como enfermedades— hasta horrores inspirados en los relatos de H. P. Lovecraft y en la obra del director, guionista, productor y compositor estadounidense John Carpenter.
Con su clásico histrionismo, Marchant y sus compañeros Alberto Arenas, Vicente Baeza, Rod Leiva y Martín Morales (quien reemplazó al accidentado Mauricio Peña) interpretaron temas de su placa editada en mayo de este año. En ella convergen las influencias del thrash ochentero con pinceladas de lo que actualmente presenta el estilo.
Durante su performance hubo espacio tanto para “tirar la talla” como para la emotividad, algo no muy habitual en este tipo de jornadas. Dentro de los temas que más enardecieron al público estuvieron They Live, The Q Equation, 2021 y el tributo a Necrosis con Fall and Pray, en la cual parte de la banda bajó del escenario para participar en el moshpit.
En líneas generales, una muy buena presentación, en la que la experiencia y la juventud unieron sus fuerzas para dar forma a este ente que, sin duda, seguirá dando que hablar.
Luego de algunos problemas al momento de montar sus instrumentos, hace su aparición Dorso, grupo que se encargaría de dar punto final a este evento. A eso de las 23:20, Cuadra, Soms, Eltit y Lifschitz iniciaban su actuación con un clásico : Horrible Sacrifice, tema con el que de inmediato desataron la locura entre los presentes.
El tiempo apremiaba y, si bien hubo espacio para la interacción banda-público, los temas iban pasando rápidamente, al igual que las cervezas con las cuales se acompañaba la música que adquiría una monstruosa forma. Desgraciadamente, el retraso con el que comenzaron tuvo como resultado que no ejecutaran al cien por ciento su setlist; sin embargo, hubo momentos memorables gracias a clásicos como Godzilla o El espanto surge de la tumba.
Luego de aproximadamente 45 minutos, este cuarteto baja del escenario para dar punto final a este evento, el cual me dejó con un intenso dolor de cráneo gracias a las cervezas que destapamos al son del metal.
Conclusión
Mortal Kaña, en su primera edición, dejó varias cosas positivas: entre ellas, la buena asistencia, y fue una contundente demostración de que Chile sigue siendo tierra de metales.















