Crónica – Fatal Prediction 3: el ritual más brutal

El Teatro Cariola fue escenario de una jornada consagrada al metal extremo en todas sus variantes. Fatal Prediction 3 confirmó que nuestro país puede sostener un festival de alto nivel

El Teatro Cariola fue escenario de una jornada consagrada al metal extremo en todas sus variantes. Fatal Prediction 3 confirmó que nuestro país puede sostener un festival de alto nivel, con sonido sólido, puntualidad rigurosa y una curaduría que equilibró propuestas nacionales e internacionales sin fisuras.

To Kill: violencia controlada en la apertura

Aproximadamente a las 15:30, To Kill dio inicio al festival con un ataque frontal. Su sonido directo, sin artificios, marcó un arranque de rudeza y precisión. La banda impuso ritmo y agresividad, generando una respuesta inmediata en el poco público que recién ingresaba. Fue una apertura breve pero contundente, con actitud y convicción, Death metal old school a la vena.

Weight of Emptiness: progresión y atmósfera

A las 16:30 llegó Weight of Emptiness, desplegando su fusión de death metal progresivo y pasajes melódicos. Temas como Mütrümtun (The Calling) y Behind the Masks mostraron su madurez compositiva, con un sonido que equilibra técnica e introspección. El vocalista dominó el escenario con presencia escénica notable, aunque la iluminación muy oscura redujo parte del impacto visual. La presentación se sintió como un recorrido por su identidad completa: densidad, lirismo y una constante búsqueda expresiva.

Hate: precisión y brutalidad polaca

Luego irrumpió Hate, con un bloque devastador que no dio respiro. Cada tema funcionó como una descarga continua de técnica y violencia sonora. El baterista mantuvo un desempeño impecable que mantuvo la tensión en su punto más alto. Su actuación consolidó el tono internacional del festival y marcó uno de los momentos más intensos de la jornada.

Brujería: memoria, rabia y conexión

Tipo 19:30, Brujería subió al escenario bajo un contexto inevitablemente cargado de memoria, un homenaje a los caídos. La ausencia de Juan Brujo y Pinche Peach, integrantes fallecidos el año pasado otorgó un peso emocional particular al show. Aun así, la banda respondió con energía intacta, repasando himnos como Matando Güeros y La Migra. El público respondió con mosh a lo chileno, transformando el concierto en una ceremonia colectiva de catarsis. La presencia de Anton en la banda refuerza la conexión con la audiencia.

Vltimas: oscuridad técnica y control absoluto

Llegó el turno de Vltimas, que desplegó su set centrado en Something Wicked Marches In (2019). La ejecución fue impecable, con una mezcla de frialdad técnica y presencia escénica imponente. El baterista volvió a destacar como figura central, sosteniendo la densidad y el pulso infernal del grupo. Fue una actuación precisa y milimétrica, donde cada tema funcionó como una pieza de maquinaria oscura y elegante, buena mezcla de estilos que evoca algo industrial, death y black.

Massacre: historia y cierre monumental

Para cerrar, Massacre selló la noche con una presentación cargada de historia. Su repaso por From Beyond (1991) reactivó la nostalgia de los más veteranos, mientras Dawn of Eternity y Cryptic Realms recordaron por qué ese disco sigue siendo esencial en la genealogía del death metal. Los homenajes a Death y Slayer cerraron con coherencia una jornada que equilibró respeto por el pasado y vigencia sonora.

Balance final

Fatal Prediction 3 no fue un festival de multitudes, pero sí de intensidad. El Teatro Cariola reunió a un público fiel que, aunque no llenó la capacidad total, se hizo sentir con fuerza: hubo mosh constante, cerveza circulando y un coro de gritos y vociferaciones que acompañaron cada riff. Esa energía colectiva convirtió la jornada en una verdadera celebración del metal extremo.

Entre la memoria y la rabia de Brujería, la técnica implacable de Hate y Vltimas, la proyección nacional de Weight of Emptiness y la historia viva de Massacre, el festival equilibró pasado, presente y futuro del género. Más que un evento masivo, fue un encuentro de comunidad: ruidoso, visceral y auténtico, que dejó claro que el metal en Chile sigue vivo en cada escenario y en cada garganta que lo grita.

Escrito por @fotosmetal