Crítica directa del concierto de Helloween y Polímetro en Chile. Revisa el análisis del despliegue en vivo, la dinámica de voces y el setlist del show.
Fecha: Viernes 11 de septiembre de 2026 Lugar: Santander Arena, Santiago
Organizado por FanLab
Polímetro: Dominio Espacial y Ataque Directo
La agrupación local abrió la jornada bajo condiciones espaciales reducidas, delimitadas por el enorme montaje preparado para el acto principal. Ante la escasez de metros cuadrados para desplazamientos largos, la banda concentró toda su energía en la precisión del sonido. La base rítmica impuesta por la batería de Patricio Esquivel y el bajo de Sebastián Poblete estableció un cimiento pesado, un terreno seguro sobre el cual se montaron los teclados de Mauricio Eyzaguirre y las guitarras de Carlos Esquivel con total claridad.

Ricardo Susarte asumió el frente del escenario con una voz firme y una actitud comunicativa constante. El vocalista cortó la distancia física con la audiencia a través de un contacto visual directo y sostenido, proyectando una interpretación que llenó el recinto. El repertorio fue acotado por las exigencias estrictas del cronograma, pero el tiempo en tarima expuso la jerarquía de un grupo con kilómetros de recorrido. Su despedida del escenario dejó clara la solvencia de la escena nacional frente a un aforo completamente lleno que respondió con gratitud.



Helloween: Ingeniería Vocal y Catálogo Histórico
El arranque de los alemanes detonó mediante pirotecnia frontal y un sistema de pantallas gigantes que proyectaron gráficas de videojuegos ochenteros. La conformación de la lista de canciones evidenció una estrategia milimétrica: intercalar épocas del catálogo para repartir el desgaste vocal y físico del formato. Andi Deris atacó en solitario con «We Burn», asumiendo la carga inicial para luego dar paso a Michael Kiske en «Twilight of the Gods», flanqueado inmediatamente por Kai Hansen en la delantera. Esta lógica de selección garantizó una intensidad ininterrumpida; mientras un intérprete exigía sus cuerdas al límite, los demás recuperaban oxígeno durante los pasajes instrumentales o fuera de escena.
Durante «Ride the Sky», Hansen disparó un agudo prolongado entre columnas verticales de humo denso, con las pantallas dominadas por iconografía de un demonio. La inclusión de «Into the Sun» operó como un respiro estratégico disfrazado de dueto, bajo la proyección de un eclipse que oscureció visualmente la tarima. «Universe» cedió el terreno completo a Kiske para lucir su registro limpio y cerrado en un cruce vocal final junto a Hansen.
El ordenamiento de las canciones apostó también por quiebres drásticos de atmósfera. Tras la ejecución eléctrica de «Hell Was Made in Heaven» y el despliegue de Dani Löble en su solo de batería, el concierto viró hacia un segmento acústico con «In the Middle of a Heartbeat». Sumar fragmentos de «Yesterday» funcionó como un recurso para unificar la voz de los asistentes antes de devolver la distorsión a los amplificadores. El bloque definitivo antes de los bises, impulsado por «Heavy Metal (Is the Law)» y «Halloween», aceleró las revoluciones a punta del doble bombo rápido y las líneas machacantes de Markus Grosskopf en el bajo. El remate con «Eagle Fly Free», «Power» y «Dr. Stein» demostró la confianza de la banda en su historia dorada para reventar la pista en el tramo final.
Setlist Helloween:
01 March of Time
02 The King for a 1000 Years
03 Future World
04 This Is Tokyo
05 We Burn
06 Twilight of the Gods
07 Ride the Sky
08 Into the Sun
09 Hey Lord!
10 Universe (Gravity for Hearts)
11 Hell Was Made in Heaven
12 Drum Solo
13 I Want Out
14 In the Middle of a Heartbeat
15 A Tale That Wasn’t Right
16 A Little Is a Little Too Much
17 Heavy Metal (Is the Law)
18 Halloween
19 Eagle Fly Free
20 Power
21 Dr. Stein



El Estándar del Espectáculo
El modelo operativo de tres vocalistas trasciende el mero acto de reunión de integrantes clásicos para convertirse en un sistema de supervivencia en giras de alta exigencia. La repartición de responsabilidades sobre el escenario maximiza el rendimiento individual y blinda la garganta de los intérpretes, garantizando que el nivel de ejecución se mantenga intacto tras múltiples fechas. La audiencia absorbió esta estructura operativa como una exhibición rotunda de jerarquía musical frente al paso de las décadas.
La maquinaria alemana funciona mediante una coordinación exacta entre su gigantesco soporte visual y el impacto directo de la amplificación. Las transiciones están calculadas con frialdad, los descansos integrados orgánicamente en el mismo orden de las canciones y los asaltos de velocidad posicionados para generar el mayor daño sonoro posible. El concierto finaliza en una demostración estricta de poder físico, dejando sobre el piso del recinto el peso irrefutable de un evento ejecutado con destreza absoluta.
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