Symphony X inició su presentación con la autoridad de quien conoce la arquitectura de su propio sonido. El arranque fue una ráfaga de precisión técnica donde Romeo desplegó esos elementos inspirados en la tradición clásica

Symphony X en Teatro Teletón: La vigencia del neoclasicismo quirúrgico

Crónica técnica del concierto de Symphony X y Andy Addams en Santiago. Análisis del setlist centrado en The Divine Wings of Tragedy y el virtuosismo en el Teatro Teletón.

Crónica técnica del concierto de Symphony X y Andy Addams en Santiago. Análisis del setlist centrado en The Divine Wings of Tragedy y el virtuosismo en el Teatro Teletón.

Fecha: Domingo 15 de marzo de 2026 Lugar: Teatro Teletón, Santiago, Chile

La espera por Symphony X es la espera por un plano arquitectónico. En el lobby del Teletón, el aire pesa. La expectativa funciona como una prensa hidráulica. Aquí se viene a presenciar la ejecución de un mandato superior de técnica y volumen. Se busca verificar si Michael Romeo sostiene el estándar de ejecución de los noventa. Esa presión técnica marca el inicio de una jornada que exige perfección mecánica en cada bloque.

Symphony X inició su presentación con la autoridad de quien conoce la arquitectura de su propio sonido. El arranque fue una ráfaga de precisión técnica donde Romeo desplegó esos elementos inspirados en la tradición clásica

Andy Addams: El neón sobre el diapasón

El Teatro Teletón recibió la apertura de la jornada con una descarga de frecuencia alta. Andy Addams el guitarrista colombiano, escoltado por una base rítmica de precisión milimétrica, instaló un set de shred y metal neoclásico que prescindió de las sutilezas para enfocarse en la velocidad pura. El desplante físico de Addams, potenciado por un chaleco de luces LED que fragmentaba la oscuridad del escenario, funcionó como un anclaje visual para una propuesta que, de otro modo, podría caer en el ensimismamiento técnico.

Hubo una fricción interesante en la dinámica interna del trío. Entre cada pasaje de notas vertiginosas, el grito de «¡Vamos Chucho!» hacia el baterista rompió la frialdad del virtuosismo. Esa complicidad humana dotó de peso a una presentación que navegó entre composiciones propias y el recurso efectivo de la nostalgia. Ejecutar versiones de Caballeros del Zodiaco o Dragon Ball Z en este contexto es una decisión de diseño: conecta con el ADN generacional del público metalero local sin sacrificar la complejidad del arreglo. El sonido en el Teletón se mantuvo definido, permitiendo que cada barrido de cuerda y cada golpe de pedal se sintiera nítido, seco, sin la bola de ruido que suele castigar a los teloneros de este calibre. Fue un inicio de alto octanaje, una demostración de que el virtuosismo sudamericano tiene las manos y el equipo para sostener el estándar internacional.


Symphony X: La arquitectura del poder progresivo

Cuando Michael Romeo pisa el escenario, la atmósfera cambia. No hay preámbulos innecesarios. Symphony X inició su presentación con la autoridad de quien conoce la arquitectura de su propio sonido. El arranque fue una ráfaga de precisión técnica donde Romeo desplegó esos elementos inspirados en la tradición clásica, pero con la distorsión y el ataque que solo el metal progresivo de élite puede sostener. Russell Allen, por su parte, sigue desafiando el desgaste natural de las décadas; su voz no registró fatiga, manteniendo la potencia en los agudos y esa textura rugosa en los medios que define la identidad de la banda.

La columna vertebral de la noche fue la celebración de The Divine Wings of Tragedy. Escuchar cortes como «Of Sins and Shadows» y «Sea of Lies» en sucesión inmediata confirmó que ese material de 1997 no ha envejecido, sino que se ha solidificado. La base rítmica compuesta por Mike LePond en el bajo y Jason Rullo en la batería funcionó como una prensa hidráulica: pesada, constante, exacta. Michael Pinnella, desde los teclados, aportó las capas necesarias para que el muro de sonido no fuera solo fuerza, sino también atmósfera.

Cada integrante tuvo su espacio de exposición individual. Los solos no se sintieron como rellenos para dar descanso a los demás, sino como demostraciones de capacidad instalada. El sonido del Teatro Teletón estuvo a la altura del desafío, con una ubicación espacial de los instrumentos que permitió distinguir el ataque del bajo de LePond incluso en los pasajes más densos de guitarra de Romeo. La presentación de la banda fue un protocolo de respeto mutuo entre músicos y audiencia; cada nombre anunciado fue recibido con una ovación que reconoció la trayectoria por sobre la novedad. El cierre con el material de Iconoclast puso el punto final con un peso sonoro que dejó claro que, aunque celebren el pasado, Symphony X sigue siendo una máquina de ejecución técnica vigente.

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