Dolezall, cuando la épica choca con el formato

Ten Richter y Dolezall en House Rock & Blues: Talento vs. Infraestructura

Crítica del show de Ten Richter y Dolezall en House Rock & Blues. Análisis sobre la dualidad del metal chileno, la ejecución técnica y la colaboración de invitados como Felipe Reyes y Sebastián Lobos.

TEN RICHTER + DOLEZALL EN HOUSE ROCK & BLUES: La dualidad del metal en alta definición

Fecha: 08 de enero de 2026 Lugar: House Rock & Blues, Santiago, Chile

La escena nacional suele oscilar entre extremos que raramente convergen en un mismo escenario. Sin embargo, la noche del jueves 8 de enero en House Rock & Blues demostró que esa dualidad —cuando se ejecuta con convicción— no solo es posible, sino necesaria. Dolezall y Ten Richter representaron dos formas opuestas de entender el metal: la épica teatral y la crítica técnica, unidas por un estándar de ejecución que dejó poco espacio para la improvisación o el error.

Dolezall, cuando la épica choca con el formato

No era una fecha más. Dolezall llega a este punto con un crecimiento sostenido, curtido en escenarios exigentes y compartiendo cartel con nombres que obligan a profesionalizar cada aspecto del show. Ten Richter, en tanto, volvía al radar personal tras algo de tiempo, esta vez con el peso simbólico de los diez años de Epicentro sobre los hombros.

Dolezall: cuando la épica choca con el formato

Abrir una noche de metal en un recinto como House Rock & Blues no es trivial. El formato de mesas, la iluminación limitada y un público más predispuesto a la atención del evento que al headbanging imponen restricciones claras. Dolezall decidió ignorarlas.

Desde lo sonoro, la banda sostuvo una mezcla limpia y ordenada, fundamental para que las composiciones de Carlos Dolezal (batería y líder) respiren. La guitarra de Nicolás Arce brilló por su precisión melódica, esencial en un Heavy/Power Metal que vive de la claridad y no solo de la distorsión, mientras que el bajo de Rainer Hemmelmann aportó el piso sólido necesario.

Sin embargo, el problema no fue musical, sino estructural. La iluminación del recinto —plana y desbalanceada— atentó contra uno de los pilares del proyecto: la narrativa visual de Felipe del Valle. Para un frontman cuya expresividad e histrionismo son parte del discurso, la falta de luces adecuadas no es un detalle menor, es una mutilación parcial del mensaje.

Aun así, la banda respondió con oficio. El espacio reducido no impidió el despliegue de utilería, cambios de vestuario y una interacción constante con el público. Cada interludio fue utilizado con inteligencia, evitando tiempos muertos y sosteniendo la atención. El cierre, cerca de las 22:55, confirmó algo evidente: cuando una propuesta tiene identidad, sobrevive incluso a las condiciones adversas.

Ten Richter: técnica, discurso y vigencia

A las 23:10, Ten Richter tomó el control del escenario y el tono cambió radicalmente. Donde antes había fantasía histórica, ahora había confrontación social. La conmemoración de los diez años de Epicentro no fue un ejercicio nostálgico, sino una reafirmación de vigencia liderada por la voz de Boris Cid, quien manejó con soltura tanto la potencia como la melodía.

La banda desplegó un sonido robusto y bien definido gracias al muro sónico construido por las guitarras de Omar Alvear y Kagno (Diego Caniulao Torrealba). Esta nueva dupla logró otorgar un peso único a la mezcla, densa pero definida, permitiendo que los teclados de Manuel Arriaza aportaran texturas y atmósfera sin perderse en el fondo.

Pero fue en la base rítmica donde el virtuosismo se hizo innegable. La batería de Piero «Pyro» Ramírez fue, sencillamente, el eje del show: precisa, exigente y sostenida, demostrando que el metal progresivo no admite concesiones técnicas. A su lado, el bajo de Istari Bizantino complementó con criterio, aportando dinámica y partes solistas notables, moviéndose con energía y presencia escénica en los escasos metros cuadrados disponibles.

La noche guardaba una sorpresa hacia el tramo final del set. En un gesto que refrescó la dinámica del show, los titulares Boris Cid e Istari Bizantino cedieron el escenario para invitar a Felipe Reyes en las voces y Sebastián Lobos Villarroel en el bajo. Lejos de desentonar, los invitados se acoplaron con solidez a la maquinaria de la banda, entregando una interpretación enérgica que el público supo premiar con aplausos acalorados, validando el talento transversal que existe en el circuito.

Coordinar estos cambios y mantener a seis músicos en un escenario compacto sin que el espectáculo pierda fluidez no es casualidad; es resultado de ensayo y criterio escénico. Ten Richter no se limitó a ejecutar canciones; presentó un discurso crítico sobre el poder y la sociedad, uno que sigue siendo incómodo, actual y necesario dentro del metal chileno.

Conclusión: dos caminos, una misma exigencia

La noche dejó una lectura clara: la escena nacional está creciendo en discurso y ejecución, pero sigue enfrentando limitaciones estructurales que condicionan su impacto. Dolezall y Ten Richter demostraron que el talento está; ahora la pregunta incómoda es si los espacios están a la altura de las propuestas que albergan.

No fue una noche de nostalgia ni de pose. Fue ejecución, discurso y fricción con el espacio. Dolezall y Ten Richter mostraron dos caras del metal chileno actual, ambas igual de vigentes.

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