Crónica del regreso de AISA a los escenarios y la consolidación de Forzaken. Un análisis de dos propuestas: la experiencia del Hard Rock AOR y la frescura del Power Metal Sinfónico nacional.
El día miércoles 19 de noviembre llegué a Mibar ante la invitación de Eva para presenciar el evento AISA y Forzaken en vivo, el reloj marcaba las 21:40 cuando AISA rompió el silencio. No se trataba de una fecha más para la agrupación liderada por Eva Murgas (voz) y Julio Soto (guitarra); era el regreso oficial desde su última aparición en abril. Lejos de mostrar signos de oxidación por el receso, la banda exhibió una maquinaria ajustada y una energía intacta, propia de músicos que entienden el escenario como su hábitat natural.
La propuesta de AISA es clara y honesta: buscan profesionalizar y mantener vigente el sonido del Hard Rock y el Heavy Metal clásico. El quinteto logra desmarcarse de la etiqueta de «banda tributo encubierta». Su sonido es un heavy metal alegre, digerible y enfocado en la melodía, una fórmula que en vivo funciona gracias a la conexión inmediata que genera con el espectador.
Dinámica de grupo y ejecución
Uno de los puntos altos de la presentación fue la solvencia técnica. Se nota el «kilometraje» de sus integrantes en otros proyectos de la escena. Mención aparte merece el trabajo en la percusión; Giani aportó una base rítmica que, más allá de marcar el tiempo, ofreció matices y un dominio multifacético que enriqueció las composiciones. Por su parte, la sección de cuerdas demostró una sincronía trabajada en los solos de guitarra y bajo, elementos que dieron cohesión a un repertorio que se percibe maduro y diseñado para el directo.
Eva Murgas no se limita a ejecutar las líneas vocales; asume con propiedad el rol de frontwoman. Su interacción, lejos de ser forzada, transforma el concierto en una reunión de camaradería, rompiendo la barrera entre artista y público. Esto quedó patente en la interpretación de “Break It Up”, corte que funcionó como el punto álgido de la noche, con una audiencia dispuesta a corear y seguir el ritmo. Asimismo, la inclusión del tema nuevo “Lost My Game” aportó frescura al setlist, confirmando que la banda no vive solo de las rentas de su álbum debut Join Me to Metal (2022) —producido en Alemania por Pascal Coulon—, sino que mantiene activo su motor creativo.
Forzaken: La búsqueda de identidad en el Power Metal
Tras el despliegue de rock clásico, el ambiente cambió radicalmente a las 23:05 con la entrada de Forzaken. Aquí la premisa fue distinta: velocidad, teclados prominentes y una atmósfera épica. Influenciados fuertemente por la escuela finlandesa de finales de los 90 y principios de los 2000 (con ecos evidentes a Sonata Arctica, Nightwish y Stratovarius), la banda tiene el desafío de revitalizar un género que tuvo su auge hace dos décadas.
Virtosismo y emotividad
El peso dramático de la actuación recayó sobre Marcela Villarroel. La vocalista demostró no solo capacidad técnica, sino una presencia escénica que logra transmitir la emotividad que requieren las letras del Power Metal Sinfónico. Estuvo flanqueada por Aldo Viñuela en guitarras y Sebastián Castillo en bajo, quienes construyeron el muro sonoro necesario para que las orquestaciones y teclados de Diego Garrido pudieran brillar.
El setlist fue una declaración de intenciones hacia su próximo EP. Canciones como el sencillo debut “Judith” (2024) y el cierre con “Unchained” dejaron una buena impresión general, mostrando una banda que busca equilibrar el virtuosismo instrumental con la introspección lírica.
Aspectos a pulir
Sin embargo, en el camino a la profesionalización total, hay detalles de la dinámica escénica que requieren ajuste. Durante la presentación, se produjo una interrupción por parte del tecladista mientras la vocalista se dirigía a la audiencia. En un género tan teatral como el Power Metal Sinfónico, mantener la atmósfera es tan vital como no fallar una nota. Afortunadamente, el incidente no opacó la potencia musical del conjunto, pero queda como una nota al margen para futuras presentaciones.

Conclusión: Dos caras de una misma moneda
La jornada del show «Aisa y Forzaken en vivo» dejó en evidencia la riqueza de la escena local. Por un lado, AISA reafirmó que el Hard Rock melódico con voz femenina tiene un nicho fiel y que la experiencia es un grado; su regreso fue sólido, festivo y técnicamente impecable. Por otro, Forzaken se alza como una promesa interesante para los seguidores del metal sinfónico, con un potencial claro de crecimiento.
Ambas agrupaciones, desde sus respectivas trincheras, confirmaron que el metal chileno sigue respirando, evolucionando y ofreciendo espacios tanto para la nostalgia bien ejecutada como para las nuevas propuestas orquestales.
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